El credo religioso
La familia de Machado era católica. En su prosa y en sus versos el poeta reafirmará su fe en Dios entendido como hacedor del universo, partiendo de la Cristiandad. A veces, tomará distancia de su credo en algunas de sus columnas periodísticas. No sabemos con certeza si esta actitud influyó o no en que sus restos mortales no hayan podido retornar a España. Recordemos que yacen en Collioure, Francia. Seguramente el motivo más importante haya sido que su cosmovisión era diferente a la de los nacionalistas españoles a cargo del gobierno durante algunas décadas incluso después de su muerte. Tras el paso del tiempo, desde mediados de los años 70, las causas habría más bien que buscarlas en que el pequeño pueblo de Collioure se siente honrado de que en su cementerio yazca la tumba del poeta, por lo que diferentes asociaciones civiles y locales abogan por retenerla. Asimismo, hallamos otra de las razones en la “Revista de Soria”, en una entrevista periodística a Mariano del Olmo Martínez, un antiguo estudiante del profesor Machado. Cuando el periodista Terrel Sanz le pregunta por qué cree que los restos del poeta no han sido trasladados a España, le responde que estima que la familia Machado se opone a que se repatrien.
En el artículo “Dios, sueño de Machado”, el Padre Tomás Polvorosa López, de la Orden de los Predicadores Dominicanos, señala que el poeta sueña a Dios y que ese sueño, como todo lenguaje poético, tiene matices de verdad. “Ayer soñé que veía / a Dios y que Dios hablaba; / y soñé que Dios me oía… / Después soñé que soñaba.” (Renacimiento, XL). Este último verso, agrega Polvorosa López, está lejos de aquél otro de Calderón de la Barca –“y los sueños, sueños son”-, por lo que ha de interpretárselo desde el contexto de una verdad soñada e intensa.
Polvorosa López también señala que el poeta se vale de un sueño para referirse a la alocución divina, aquella breve exhortación que todo hombre puede llegar a experimentar en su intimidad más honda: “Anoche soñé que oía / a Dios gritándome ¡Alerta!”. (Renacimiento, XL). Poco después, abrumado por el dolor y la soledad, se encuentra a un Dios dormido: “Luego era Dios quien dormía, / y yo gritaba: ¡Despierta!”. (Renacimiento, XL). En momentos como ese, en su vida se revelan sentimientos más cercanos que el de Dios, como el recuerdo de su amada: “¿y vio el rostro de Dios? Vio el de su amada.”. (Nuevas Canciones, 921).
El Padre Polvorosa López dice que el verso “quien habla solo espera hablar a Dios un día” (Renacimiento, I) puede interpretarse como un soliloquio esperanzador de Machado, seguro de tener a Dios en el misterio de su soledad profunda.
El pensamiento filosófico
A Antonio Machado se lo considera parte de la Generación del 98. Emilio Ruiz, en “El poeta en su rincón”, apoya la idea de que “todos los escritores del 98 (1898) al hacer literatura están haciendo filosofía (…) en la medida que describen la realidad. Si además, como sucede con Machado, Azorín, Valle, Ortega y Gasset… esta realidad, no la suya, sino la realidad misma, nos la van a dar con un perfecto y acabado estilo literario”. De este modo, señala Ruiz, “alcanzamos a ver rasgos estructurales de pueblos, vidas, paisajes (…). Para el estudio de la estructura económica, Azorín o Machado pueden aportar tanto o más material de primerísima mano que muchos especialistas en esa materia.”.
Todo lo que Machado escribió sobre la tierra de Soria se debe a sus rigurosos saberes sobre la naturaleza, a la contemplación del paisaje y a sus pláticas con los campesinos. Su conocimiento de las formas y labores rurales es perfecto. Todo ello cobró nueva vida al ser recreado de modo poético: los montes sorianos, al decir del poeta, son de color violeta porque tanto el biércol como la flor del brezo lo son.
“¡Oh!, sí, conmigo vais, campos de Soria,
tardes tranquilas, montes de violeta,”.
(Campos de Castilla, XVII)
Emilio Ruiz señala en el mencionado artículo que, en la poesía de Machado, los elementos del paisaje soriano, si bien están dados por la naturaleza, tienen una estrecha relación con el hombre y con la historia. De allí que Machado, plantea Ruiz, en vez de decir que la economía de esa región castellana de principios del siglo XX es de carácter tradicional y familiar, que la libertad de comercio ha llevado a los hombres de Soria a administrar y a trabajar en sus propios minifundios (que la pobreza es acaso grande y la emigración hacia la periferia, constante), expresa poéticamente que los campos son amarillentos, las cosechas, inciertas, los pastores, trashumantes... El hombre, producto de una cierta interrelación de fuerzas entre las que sobresalen la historia, la economía y la naturaleza, será descripto por el poeta –nos recuerda Ruiz-- como pequeño, ágil, sufrido, receloso, con ojos hundidos, astutos y móviles, etc. Leamos una de sus poéticas representaciones:
“El hombre de estos campos (…)
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.”
(Campos de Castilla, III)
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Ovejas merinas trashumantes en Torre de Babia (León). |
A continuación, se presenta la última parte de esta serie de artículos titulada "Los días finales de Antonio Machado".
Notas:
Al citar la poesía de Antonio Machado, doy el número del poema según la edición de Renacimiento, Campos de Castilla (Madrid, 1969).
Los artículos mencionados en esta sección dedicada a Antonio Machado fueron publicados por la “Revista de Soria”, editada por la Excelentísima Diputación Provincial de Soria, año IX, nro. 27, 1975, 102 pp.